divendres, 6 d’octubre del 2017

TEQUILA, SAL Y LIMÓN.

Me conformo con las típicas canciones de amor dejando que se me haga un nudo en la garganta pensando en lo que pudimos haber sido y no fuimos. 

Me conformo con las típicas noches en vela dejando que mi imaginación haga de las suyas imaginándote a mi lado en la cama junto a mí.

Me conformo con las típicas largas charlas sobre el amor dejando que el corazón sea más impulsivo que la mente a la hora de hablar.

Quisiera decirte que le hablo a la Luna preguntándole quién cuida de ti, quién es el motivo de tu sonrisa, si me echas de menos. 

Quisiera decirte que le hablo al Sol preguntándole que será de mí, a quién puedo hacer sonreír ahora, si algún día te volveré a ver.

Quisiera decirte que las estrellas me cuentan que te ven brillar, tanto o más, cómo ellas, que tienes una luz propia envidiable, que tienen envidia de tus ojos. 

Me gustaría dejar de bailar solo las canciones para dos y bailar contigo todas las noches sin que importase un mañana.

Me gustaría caerme contigo si hay piedras del camino y luego, por muy difícil que sea, levantarnos de la mano quitándonos mutuamente el polvo.

Me gustaría susurrarte mi palabrería al oído para provocarte una sonrisa y esperar mirándote para ver como se te curvan los labios.

Llevo escrito en la frente que te sigo queriendo después de todo, que te echo más de menos que un perro cuándo su amo se va de casa y tarda en volver. 

Llevo escrito en la frente que sigo queriendo tu compañía, que quiero que me enseñes a querer sin miedo cómo has hecho hasta ahora.

Llevo escrito en la frente que cualquier canción me recuerda a ti, que por muy tarde que sea sigues rondando por mi cabeza.

No puedo evitar sonreír si escucho tu nombre en conversaciones ajenas, si hablan de algo que me recuerda a ti, mira en que me has convertido.

No puedo evitar sentir miedo si pienso que no voy a volver a saber de ti, que tendría muchas preguntas sin su respuesta. 

No puedo evitar quererte, aunque sé que puedo llegar a hacerte daño, sólo quiero dar lo mejor de mí para intentar hacerte feliz. 

Tengo tu herida sin cerrar y diariamente le hecho sal y limón, a base de tequilas uno detrás de otro, no es una buena forma para olvidar las penas.

Tengo una gran frustración que poco a poco se vuelve ansiedad, hace que me arda la cabeza de tantas vueltas que le da. 

Tengo que ir tirando de papel y bolígrafo para desahogarme, escribiendo frases de tres en tres porqué sigo sin saber expresarme si es sobre ti. 

Porqué fui gilipollas dejándote ir y ahora ya es demasiado tarde para que vuelvas. 

Porqué fui cobarde al no saber decirte que te quería y ahora ya es demasiado tarde para decírtelo.

Porqué fui idiota al no saber quererte y ahora ya es demasiado tarde saberlo.

-GH.

dijous, 2 de febrer del 2017

UNA HOJA EN BLANCO.

Estoy delante del ordenador, mirando la pantalla viendo cómo parpadea el cursor apoyando la cabeza en mi mano. Tengo sueño pero me queda una larga noche por delante. Mañana no madrugo, casi nunca lo hago, ¿para qué?, si la vida va a seguir siendo igual de mierda que siempre. 

Me apetece escribir pero me bloqueo. También me debato si cerrar este blog o no, mientras tanto me tomo amoxicilina para que se me pase, al menos un poco, el dolor de muelas que tengo. Me rasco la nuca y doy un sorbo, me quito las gafas y me rasco los ojos, me doy cuenta de que me las ajuste demasiado la última vez que fui a la óptica. 

Creo que todo el mundo duerme, muevo la pierna más rápido que nunca arriba y abajo, me apetece fumar. Pienso que cuándo vaya a dejar el vaso a la cocina, aproveche para mirar si hay vida o están todos durmiendo y entonces llevarme el cenicero, juré dejarlo miles de veces pero cuándo me invaden los nervios es la única forma de relajarme. 

Cojo la pelota antiestres que tengo al lado del ordenador y la empiezo a botar encima de la mesa con suavidad. Miro a mi al rededor, sólo tengo una luz que ilumina mi pequeño cuarto y unas ganas de mear tremendas. Vuelvo a dar otro trago de amoxicilina. Ahora me levanto y doy vueltas por mi habitación esperando encontrar la inspiración en algún rincón. 

Nada. Miro la hora, son la 01.20 de la mañana aunque solo sea el comienzo de la noche para mí. Mi plan es que si pasan las 04.00, esperarme hasta las 06.00 ni que sea en la cama leyendo ese libro que tanto me gusta y aguantar hasta que sea la hora de levantarme y ducharme para empezar un nuevo día. La putada es que el dolor de muelas me está ganando. 

Siento el vacío de la muela rota y el corte que tiene. No puedo comer ni beber con normalidad, incluso ni mojarme los labios sin que me duela. Para no pensar en eso, miro a dónde tengo todos mis bolígrafos los cuales todos y cada uno de ellos seguramente ha escrito alguna de mis historias. Veo que tengo un lápiz de estos con goma y me sorprendo. No lo recodaba.

Me entra la tentación de agarrarlo e inspeccionar si está usado o no y también me invade la tentación de escribir algo con él pero al momento me doy cuenta que no sé que escribir, que llevo meses esperando que el cursor que parpadea empiece a llenar el solo este documento Word. Agacho la cabeza y vuelvo a rascarme la nuca. Una hoja en blanco sin nada que escribir, siempre ha sido el mayor miedo de un escritor.

Mi ordenador estaba lleno de mierda, la cuál he ordenado y borrado esta tarde. En este momento me acuerdo que yo quería borrar cantidad de entradas de este blog ya que cuándo las miraba de vez en cuándo así por encima con la esperanza de que se me ocurriera algo para volver a escribir o encontrar cinco miseros minutos para hacerlo pensaba que eran penosas.

Y a ello me dispongo. Creo que he borrado la mitad de entradas. Muevo la cabeza haciendo círculos para intentar relajarme. Levanto la vista y veo mis estanterías con libros de todo tipo, algunos con un final que ya desvele y otros aún por juzgar y no por la portada. También veo todas mis libretas repletas de textos e historias que algún día contaré a los hijos de mis amigos. 

No tengo ganas de nada. Me vuelven a entrar ganas de ir a mear, cambio de mentalidad rápido y miro mi cama deshecha. No me termina de gustar esta vida. Irónicamente cuándo te sientes solo, tu mayor compañía es la soledad. Ayer me descargue 22 nuevas canciones de mis artistas favoritos y sigo buscando una que pueda ponerla 24/7 en repeat y no cansarme. 

Poder coger al vuelo alguna que otra frase para ponerla de estado en mi whatsapp o en alguna foto editada de Instagram. Hace tiempo que no subo ninguna foto. Pierdo el tiempo pensando en eso y abro Google, tecleo una "i" y ya me sale lo que ando buscando. Entro en mi cuenta y miro un poco lo que ha subido la gente que sigo y voy a mi perfil. Efectivamente, hace mucho que no subo nada. 

Hace cuatro semanas, exactamente desde el 3 de enero. Hoy justamente hace un mes. Intento cerrar la cuenta pero no funciona, va muy lento. Será porqué me estoy viendo todas mis series favoritas para al menos tener compañía en estas noches en las que a la luz tenue de la lámpara ya que me produce dolor de cabeza y la luz blanca y clara de la pantalla del ordenador. 

Me duele el cuello y muevo la cabeza. Llevo mayor parte de la tarde en la misma silla levantándome las más mínimas veces. ¿Demasiado curro o no sentirse tan solo y vacío mirando series? Vuelvo a mirar la hora. Son la 01.44 de la mañana y sigo sin encontrar alguna metáfora o algún tema sobre el que hablar. "¿Para qué coño me abrí yo un blog? No lo ve nadie.", me digo para mis adentros.

Profundizo en mis recuerdos de 2013 y caigo en el porqué de eso. Prefiero olvidar esa época de mi vida. No estaba bien. Miro otra vez Instagram para saber si ya lo puedo cerrar y esta vez funciona. Me froto las manos porqué las tengo frías y eso significa un mal presentimiento. Sin querer me mancho las gafas y no veo una puta mierda. 

Opto por quitármelas y ver mucho menos de lo que veía antes. Tengo la vista echa mierda. Me doy cuenta de que aunque digan que se pueden rallar las gafas, puedo limpiarlas con mi camiseta. Antes miro el vaso dónde tengo la amoxicilina y veo que me queda ya poco, cojo y me lo bebo del tirón, guardo el móvil en el bolsillo y me llevo también las gafas. 

Voy a la cocina, dejo el vaso en el fregadero y abro la nevera para intentar beber algo. Duele, pero lo consigo. Bebo un poco de agua y me voy al baño, dejo las gafas en la pica y me apoyo en ella con los brazos, me miro al espejo y cierro los ojos volviéndolos a abrir después. Los tengo rojos  y mis ojeras no fallan. A lo mejor debería de dormir pero me viene a la mente un recuerdo. 

El recuerdo de hace dos días cuándo al llegar a casa, cogí la bicicleta y me fui a dar una vuelta por ahí. Iba a toda hostia, sintiendo el viento y con mis 300 canciones favoritas reproduciéndose de forma aleatoria en mi iPod. Me apetece volver a ir en bicicleta pero al intentar sacarla a la calle haría demasiado ruido y se despertarían y que ya llevo el pijama. Buscar mi ropa en la lavadora no es mi mejor opción esta noche.

Aunque tampoco tenga muchas más. Siempre cuento con la fiel compañía de la luz de la pantalla, del sonido de las teclas cuándo se da en ellas y ese "click" del ratón, incluso de vez en cuándo me traigo un redbull. No sé si dará alas pero te quita el sueño. El café ya no me sirve. Vuelvo a mojarme los labios y a cagarme en la puta del dolor. Creo que es mejor irse a dormir. Mañana será otro día.

Ya son las 02.00 y el dolor no se me pasa. Si duermo, no me voy a enterar de si me duele o no. Salgo del baño con las gafas limpias y me vuelvo a sentar en la silla. Giro la cabeza y veo la cama, me ha ganado. Cierro Google y Spotify y veo que me queda ese maldito Word en blanco, me niego y cierro también el programa. Pongo en reposo el ordenador y me tumbo en la cama. Buenas noches. 

Firmat:
-GrandHach-